Columnistas Noel Álvarez  La fruta del dragón

Columnistas Noel Álvarez  La fruta del dragón

Dice mi tía Filotea que “las cosas donde participan muchos solo pueden procesarse con acuerdos, lo demás es imposición, donde alguna de las partes pierde, queda dolida y tarde o temprano buscará romper el juego político”. La negociación en tiempos de la “guanábana” funcionaba por el bien de la democracia, pero en algún momento de la historia contemporánea perdimos el camino, la brújula se mojó y se instauró el chantaje político electoral como instrumento y método de procesar nuestras contradicciones.

Platón narra por medio de un mito el surgimiento de los diálogos en la política y la labor de esta. Se trata del mito de Prometeo, titán amigo de los hombres, quien viendo las continuas batallas y luchas fratricidas entre la dirigencia política que no beneficiaba a la ciudadanía, decidió robar el fuego a los dioses y entregárselo a los hombres como herramienta para la convivencia. El fuego es precisamente la luz de la política, el arte del gobierno en la sociedad.

El maestro griego consideraba que “sin política no era posible la convivencia social entre los hombres, porque esta hacía posible lo que aparentemente no lo era: el gobierno y la paz, imponiendo el orden en la polis por medio de la ley justa”. Por eso, la filosofía de Platón es eminentemente política y por ello consideraba a esta, como la cumbre de la existencia individual. Nunca fue defensor de la muchedumbre. Al contrario, desconfiaba de ella.

Platón consideraba que la democracia, por un lado, suponía la puesta en escena de la mayor libertad de cada uno para escoger su forma de vida y la igualdad de todos en materia jurídica y política. Al mismo tiempo, como el pueblo siempre adolece de ignorancia o falta de preparación ocurre habitualmente que la democracia termina por encumbrar a tiranos: “de la extrema libertad surge la mayor esclavitud”, escribe el griego en su obra: La República.

 En plena decadencia de la democracia griega, el salto de talanquera era muy común y en aquellos tiempos se hablaba, por ejemplo, de la pitahaya o fruta del dragón, especie producida por un cactus que cuenta con excelentes propiedades medicinales y alimenticias. La metáfora de la política con el cactus no la entendía la tía Filotea, quien, siempre revisa mis artículos,  hasta que le expliqué que esa fruta es roja por fuera, pero internamente su carne es blanca.  

 Platón en otro de sus diálogos  conocido como, El político,  o el reinado, escribe: “nada más ha sido tan desprestigiado en la sociedad actual, como la imagen del político y sorprendentemente, estos son los que gobiernan los países y aprueban las leyes en cada uno de ellos. Sin embargo, no podemos caer en la falacia de la generalización apresurada y decir que todos los políticos son iguales, en efecto, debe haber políticos que ayudan a mejorar la vida humana” En este libro, se juzga la acción política y se arrojan las directrices de cómo debe ser un político.

Platón explica que el mando o poder político necesita de un tipo especializado de conocimiento. El político era quien poseía ese conocimiento para gobernar correcta y justamente, además de representar los mejores intereses de sus ciudadanos. El diálogo muestra que los políticos deben estar gobernados por este conocimiento. Este llamado está dirigido contra quienes gobernaban en Grecia en esa época, de los cuales decía: “aquellos que dan la apariencia de poseer ese conocimiento, pero en realidad solo son  imitadores”.

*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

Noelalvarez10@gmail.com

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