El emprendedor que no se quema…

El emprendedor que no se quema…

El diccionario de la Real Academia Española, define la acción de Emprender de la siguiente forma: Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro; y al Emprendedor, como alguien que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas.

Vivir es todo, un emprendimiento. La vida está llena de oportunidades y riesgos, y esto va más allá de la inseguridad o la violencia.

El riesgo es aprender a aceptar los retos y desafíos cotidianos; no ceder a la sensualidad del halago ni evadir la posibilidad del tropiezo, pues allí puede esconderse la oportunidad. Riesgo es también conservar y expandir los valores que cimientan la personalidad. En el FODA de la vida, la corrupción, el clientelismo, el facilismo y las prebendas son amenazas que, de impactarnos, derrumban nuestra creencia y moral.

El riesgo es dejar de ser emprendedor y convertirnos en esclavos de la rutina; que es lo mismo que renunciar voluntariamente a crecer. Acumular bienes materiales puede ayudar a crecer pero lo que verdaderamente nos hace ricos, es una vida que lleva a la práctica los valores humanos.

Hasta donde se sabe, en el más allá no corren ni los euros ni los dólares y no se es más por tener ni menos por carecer. Tal vez por eso, no se estile poner dentro del ataúd billetes, departamentos, autos o gadgets.

Emprender es movimiento constante; una actitud más que una acción puntual; por eso podemos llegar hasta el umbral de la zona de confort pero no quedarnos allí.

Tenemos algo que aprender de las ranas. Si metemos una en agua hirviendo, la rana hará lo imposible para salir, saltando y saltando hasta lograr salir del recipiente. En cambio, si ponemos la ranita en agua a temperatura ambiente y empezamos a calentar el agua, permanecerá dentro del recipiente hasta morir literalmente hervida.

Los seres humanos podemos ser “animales de costumbres” y actuar “mecánicamente” en ámbitos importantes de la vida. Las relaciones amorosas, familiares, sociales, laborales, económicas, etc. no son conflictivas desde su inicio, sino que atraviesan un proceso de degradación paulatino. Es decir, solemos funcionar como la rana; ante los cambios progresivos tenemos tendencia a quedarnos pasivos; mientras que en cambios bruscos y bajo presión, hacemos lo indecible para no dejarnos vencer.

Parte del buen emprender es estar siempre en modo “alerta on” para reconocer los cambios aún los tenues y actuar. Si esperamos a que el agua comience a hervir para movernos, tal vez ya sea demasiado tarde

Feliz semana, feliz vida, felices emprendimientos

Marcelo Berenstein
emprendedores@emprendedoresnews.com

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